proyecto novela colectiva CAPITULO UNO- EL FUEGO

ATOSIGARLOS DE ODIO en sus cabecitas
para que sus pensamientos detonen lo inesperado.
Así, el enfermerito programaba sus máquinas
en silencio y estaba al tanto de todo.

Vigilarlos hasta el agotamiento, amedrentarlos en pequeñas dosis, como si todo aquello fuera un asunto normal. Atosigarlos de odio en sus cabecitas para que en sus pensamientos se detonara lo inesperado, me decían, 20 años atrás.

Ahora irrumpe esta imagen que seca mi boca. Piececitos de todos esos niños, alienados en la pared, boquita abajo, sometidos a los certeros estímulos que provocaban las sofisticadas máquinas, diseñadas como piezas únicas para la ocasión.

Jirones de sus carnes impregnaban las paredes humedeciendo los azulejos de sangre, lo que completaba el aspecto de una carnicería fatal.

Las paredes, de un metal indestructible, encubren el olor de la sangre virgen.

“Hay que matarlos por traidores”, me ordenaban sin mayor explicación. Obediente, yo no preguntaba nada. Creía, que había sido rigurosamente seleccionado para llevar a acabo una operación de inteligencia sobre los cuerpitos peligrosos de los niños. Para una nueva sociedad que ellos pensaban reconstruir.

Durante más de dos décadas la imagen de sus pensamientos rebeldes desangrándose en las paredes me persigue, las mismas paredes que luego de las sesiones y los experimentos, los niños enjuagaban, para obedecer las exahustivas normas de la cárcel de alta seguridad.

Mis ojos vigilaban empíricamente y sin parpadeos, cualquier atisbo de contacto entre los pequeños prisioneros. Era mi deber advertir sus comportamientos sospechosos. Una y otra vez yo debía vigilarlos.

¿Pero, quiénes eran ellos? Tal vez nunca llegue a saberlo. Lo único claro es que cualquier gesto, por ínfimo que fuera, debía ser registrado en los expedientes, y yo, había sido adiestrado para ello.

Que las pequeñas víctimas limpiaran las consecuencias de sus martirios, era para mi una especie de suplicio persistente, porque sabía que todo había sido exquisitamente calculado.


Prohibido interpelar al vínculo.

No se les podía eliminar de raíz, porque ellos temían que sus almas pulularan en la tierra denunciando los martirios padecidos por decenios. Había que provocarles un golpe, castigarlos en un infierno bajo tierra, para que sus almas pecadoras no deambularan en ese nuevo mundo que buscaban, uno que sería reservado solo para adultos.

Programaba los chips adosados en sus orejillas, planificando el silencio forzado que otros querían manejar. Era el objetivo. Matarlos con su propio mutismo y el de los demás, reproduciendo al unísono una desesperada mordaza.

Cámaras apostadas desde lo alto expían incesantemente el delito de ser niños. Baja la única amenaza de ser los portadores de una revolución total. Porque eso era lo que les molestaba a ellos, a los otros, el que fueran niños. Una especie de otredad ávida de denunciar.

¿Pero, a quién había que denunciar, si hasta la iglesia aquella, estaba involucrada hasta el cuello blanco, tan blanco de los sacerdotes? ¿Qué es lo que ellos temían que se denunciara? Una herencia corrupta, recargada de acciones sin ética. Los actos desmedidos y patriarcas de violencia física, abuso sexual, explotación infantil. O los delitos que los adultos programaban, para controlar sus almas y cuerpos de gestos inocentes.

Mis ojos contratados ejercían como cortapisas, condicionados a reprimir todo tipo de comunicación humana, reduciendo el diario vivir a un equilibrio pavoroso.

Una mudez siniestra oprime ahora mis sueños.

Por más de dos décadas no puedo dormir con el recuerdo de los niños en esa oscuridad, sin que otros se enteraran, solo porque no tenían a nadie, y eso era tal vez lo más triste.

Los niños, conformaban una minoría inquietante, el aire fresco de la disidencia, negándose a ser un porcentaje enajenado; a repetir la estructura impuesta.

En aquel tiempo, abandonado de palabras difuntas el silencio se entretejía en la garganta y se disolvía en el aire. Ellos habían sido abandonados allí, en medio de esa cárcel de metal, a causa de su categoría de sujetos indignos. Un poderoso estorbo que había que custodiar y ellos, estaban dispuestos a todo. Pero inmutable, yo no reparaba en eso.

Recién ahora puedo ver como este mundo trae niños para ser ejecutados.

texto taller novela colectiva

Palabras mudas transitan en gargantas pueriles en medio de una cárcel heredada. Los gestos matizan el espacio impenetrable, empapelado en acero desde el piso hasta el techo. Una ínfima mueca interpelaba al vínculo arrojando un signo adjunto a un receptor atrapado, como todos los que habitaban ese tesoro subterráneo.

Ojos vigilantes observan empíricamente, sin parpadeos, evitando atisbos visuales entre prisioneros; ejercían como cortapisas determinadas para reprimir todo tipo de comunicación humana, reduciendo el espacio al castigo eterno por delitos cometidos.

Las cámaras apostadas desde lo alto expían intermitentemente el delito de ser niño conspiradores. Porque eso era lo que les molestaba a ellos, a los otros, el que sean niños, una especie de otredad que no estaba dispuesta a evolucionar ni salvar la herencia corrupta de actos patriarcales recargados de acciones sin ética. Ellos, los niños, configuraban el aire fresco de la disidencia, una minoría que se negaba a ser un porcentaje enajenado, a repetir una estructura mentirosa, dispuesta a salirse de los caminos marcados. Ahora eran un poderoso estorbo que había que custodiar.

Los niños-prisioneros eran dueños de un conocimiento rebelde, una minoría creadora, expectantes a todo lo que les rodeaba, potenciales descubridores de ideas para fundar algo nuevo, un peligro para el orden establecido. Había que embotellarlos en metal.

La jaula enlatada contenía palabras congeladas, sólo faltaba estremecerla para que se deshiele una voz entramada. Sin embargo, todo estaba reacondicionado para fiscalizar la conducta, el pensar, la subjetividad. El instrumental utilizado para controlar: las cámaras, el no aire, el metal, la no comunicación, los chips insertados en la carne auricular programaban las actividades del día como si fueran máquinas que reformateaban la relación humana cercenándola a un nulo intercambio.

El condicionamiento del cuerpo y las conductas era a través de la distribución de los espacios que calculaban fehacientemente los comportamientos, ajustando las piezas, para que no haya contacto.

Los niños expuestos a la tecnología, sin afectos, eran seres descerebrados, castrados mentalmente.

Las paredes vigilaban y conspiraban con su silencio cómplice.

Todo invocaba al autismo, reduciendo la posibilidad de entrar en contacto visual, de palabra, saliva, frotamientos, afecto y vínculos sincrónicos. Emociones insípidas se trenzaban en ese lugar, mientras las férreas paredes, aunque vaporosas, empañaban incluso el silencio interno, interviniéndolo todo.

El carácter cotidiano de esa cárcel anestesiaba las conciencias, mientras los otros, desde su silla de poder, vigilaban esa caja blindada por donde circula el vacío autoimpuesto.


Como máquinas, los niños, limpiaban al unísono los metales para higienizar todo pensamiento. Limpiar su propia cárcel, mientras inhalaban acero, día a día. Era como auto lavarse el cerebro.

En cada habitación un parlante relataba noticias del mundo moderno, obligándonos a escuchar lo que no querían, vivir de la especulación y la incertidumbre constante. Transcendidos y filtraciones desde las esferas de poder excitaban la enajenación mental, de palabra, pensamiento y obra. Ese parlante era como un ruido incesante que lavaba los cerebros rebeldes.


Solos, los niños, se encontraban desafiando a sus cuerpos pletóricos de lágrimas contenidas que goteaban como pedruscos en un suelo inmutable, no hay hacinamiento, si, una tortura muda, sin árboles, ni sol ni olor a tierra.

El cuerpo no piensa en comida, pero daba señales: ruborizadas manos transpiran sollozos de libertad.

Poco a poco el cuerpo daba señales para estropear los mecanismos de control.


No podían escribir una letra en un papel. No había lápiz, ni teclados ni computadoras. Los cuerpos recibían instrucciones desde plataformas digitalizadas, planchadas en los oídos.

El cuerpo daba señales para estropear los mecanismos de control.

Los sentidos se extienden y desarrollan con nuevas potencialidades, ultrasensibles. Gustos distintos, olores inexpresivos que de tanto encierro generaron códigos y circuitos que permitieron construir conexiones por donde transita una metacomunicación. Conexiones horizontales y paralelas a las órdenes del día comienzan a operar entre los niños.

Los sentidos se expanden y contraen a la vez y por separado, entremezclados, como nuevos órganos, en ese hábitat común con espacios artificiales. Esa pluralidad compleja de 5 cuerpecitos, singulariza en una conexión única.

Una efervescencia acumulada recorre los circuitos neuronales del oído, imbricados en tecnología; los sentidos activan un mecanismo en que las imágenes mentales, viajan como pensamientos estandarizados.

Los cuerpitos, todos ellos, empiezan a comunicarse con el silencio y el lenguaje averbal con su carne penetrada de tecnología, emerge una imagen liberadora: un fuego sagrado recubre todas las paredes, siempre las paredes, disolviendo la caja metálica, trasformando en líquido el latón incorruptible.

Las llamas estallan desde la tierra, apuntando al cielo, ese al que tanto suplicaron libertad, y las carnes temblorosas se quemaron mezcladas con los aparatos tecnológicos incrustados en la piel, mientras las bocas vomitaban palabras/bits encerradas por tanto tiempo

CARCEL DE METAL




Palabras mudas transitan en gargantas pueriles en medio de una cárcel heredada. Los gestos matizan el espacio impenetrable, empapelado en acero desde el piso hasta el techo. Una sola mueca en un segundo interpelaba al vínculo arrojando un signo adjunto a un receptor atrapado, como todos los que habitaban en ese tesoro macabro bajo tierra.

Los ojos vigilantes observan empíricamente segundo a segundo, evitando atisbos visuales de los prisioneros, como cortapisas determinadas para evadir todo tipo de comunicación humana reduciendo el espacio al castigo eterno por delitos cometidos.

Las cámaras apostadas desde lo alto expian intermitentemente el delito de ser niño. Porque eso era lo que les molestaba a ellos, a los otros, el que sean niños, que no estaban dispuestos a transformar ni salvar la mugre heredada. Ellos, los niños, configuraban el aire fresco de la disidencia, una minoría que se negaba a ser un porcentaje, ni un consumidor global ni tampoco ciudadanos.

La caja enlatada contenía palabras contenidas solo faltaba agitarla para que brote un trenzamiento simbólico que posibilitara el escape. Sin embargo, todo estaba reacondicionado para fiscalizar la conducta, el pensar. El instrumental utilizado para controlar: las cámaras, el no aire, el metal, la no comunicación, moldeaban la relación humana reduciéndola al más mínimo intercambio de información. El condicionamiento del cuerpo, y las conductas era a través de la distribución de los espacios que calculaban los comportamientos. Las paredes vigilaban y castigaban con su silencio cómplice.

Todo olía a autismo cercenando la posibilidad de entrar en contacto visual, palabra, saliva, roce, afecto, ira, rabia. Emociones insípidas afloraban en ese lugar. Olores insípidos. Paredes frías resguardaban el silencio interno, interviniéndolo todo.

El carácter cotidiano de esa cárcel anestesiaba las conciencias, mientras los otros, desde su silla de poder, olvidan esa caja blindada por donde circula el vacío.


Como máquinas los niños limpiaban sincrónicamente los metales para higienizar todo pensamiento . Limpiar su propia cárcel, mientras inhalaban acero, día a día.

En cada habitación un parlante relataba las noticias, obligándonos a escuchar lo que no querían, noticias sobre la bolsa de valores, vivir de la especulación y la manipulación. Los medios viven de los trascendidos y las filtraciones excitando la enajenación mental, de palabra, pensamiento y obra. Era como un ruido incesante que retumbaba en los oídos inexpertos.


Habían semanas en que nadie hablaba. Nadie. El almuerzo era individual. Solos se encontraban desafiando a sus cuerpos pletóricos de lágrimas contenidas que caían como piedras, al suelo inquebrantable. No podían escapar. No hay motines internos, pero si una tortura silenciosa. No hay árboles, no sienten el olor a tierra, no hay hacinamiento, el cuerpo no piensa en la comida, pero si en la libertad.


No podían escribir si quiera una letra en un papel. No había lápiz, ni teclados ni computadores. Los sentidos adquieren un desarrollo diferente, se extienden y desarrollan diferente. Gustos distintos, que de tanto encierro generaron códigos que les permitió una salida.

Telepatía trasmisión de sentidos que viajan en el cuerpo a través de un silencio. Los niños, todos ellos, empiezan a comunicarse con el silencio y el lenguaje averbal les regala cierta libertad. Y desde ahí tenían que construir la posibilidad de ser libre. Interactuar desde el silencio, es imposible no comunicar
En definitiva el tema del narrador objetivo tiene que ver con ser capaz de enfrentar el yo interior justo cuando ella intenta con un halo en la mano separar las cosas al mismo tiempo que me dice que soy lindo, objeto de una evocación erótica exquisita y yo le digo entonces que me convierto para se feliz de verdad, pues tú también me gustas- le digo- ya son 16 años de puto y nacalarica pero sigamos con el tema en cuestión que no se me vaya la moto y ahí estamos los dos separados mirándonos, y me vuelvo a preguntar que por qué no y si todo fuera tan simple que la imagen del falo con el falo no es mas rica e intensa que el de un hombre y una mujer y la karen me dice que tenga cuidado que esta sociedad es machista y eso implica una serie de cosas que hay que ni te cuento mejor pero debo admitir que el falo me fascina aunque tb debo admitir que lo femenino-erótico tb me seduce y será por juntarme con tantas Eugenias, Polis y demases amigas entrañables lindas para amarlas hasta siempre incondicionales con la desgracia que nos toca vivir a todos unos mas otros menos pero chiquillidos pasesmos la bien que la vida es una y escuchemos los ruidos que vienen del mas allá porque el Diego dice que los platillos voladores son fascinantes y porqué, no creerle a ese niño lindo que canta amor porque donde quiere y a veces solo veces no ve que lo quieren al igual que yo y estamos solos de amor……………..ayyyyyyyy



Ella le habla eróticamente a pesar de que las sexualidades no eran compatible porque la opción sexual no calzaban pero todo lo otro calzaba como una horma a su zapato. Y lo otro es nada menos que el sexo-erótico entre una vagina y un falo con sentimiento rico inexplorado.

LABIOS COSIDOS




Todas las palabras que he pensado, todas ellas, viajan divididas por mi cuerpo para jamás ser dichas. Ni papá, ni mamá, ni mis hermanas, ni el perro, ni el gato han escuchado una sílaba de mi boca hinchada de letras que bailotean descoordinadas un silencio predestinado.

Mis labios están cosidos con hilos que cuelan mi lenguaje ajeno a este mundo. Nací para incomunicar, para no definir ni redefinir relaciones afectivas con nadie. 24 años en que mis labios sólo saben de marraquetas crujientes, a diario, que riegan con su vitamina B, neurotrasmisores que trasportan una fatal incertidumbre.

Mamá, me quiere, yo lo sé, pero a veces me grita, me amenaza con una cuchara de palo, porque en mis momentos de crisis - cuando intento comunicarme con gestos que no corresponden a mis palabras balbuceantes- sulfura. Ella fuma, fuma mucho, mimetizándose con mi angustia.

Tartamudeos penetrantes estallan en mis oídos como turbinas girando crecientemente. Siento ruido en mis tímpanos, murmullos que no puedo escuchar, ruido importuno que no ha parado en 24 años, ruido que me persigue y que a ratos se extiende no importando si son las 6 am, la una de la tarde, o a las tres. Porque para mi no hay horarios. Puedo caminar de la cocina a mi pieza y de la pieza a la cocina tres horas sin parar, mientras las turbinas trabajan a toda velocidad pegadas a mis orejas.

Es ahí, cuando exploto palabras no dichas y cuando los flujos sanguíneos están alterados al máximo, la sangre se intromete, siempre la sangre, con las palabras, las cerca, les pone un candado una a una y las deja calladitas para siempre, las destruye como un virus fagocita del núcleo de una célula, ella arma un entramado con mis emociones aspirándolas como una vampira.

Mamá, siempre mamá, pegada a mi como las turbinas, fumando, vigilando la cocina para que yo no me engulla el refrigerador, me da unas pildoritas que humedecen las neuronas, pero a un precio que ni les cuento porque la boca, siempre la boca, se seca, entonces entro al baño, mil veces, en mis paseos noctámbulos para tomar agua, mucho agua, de la cañería.

Los flujos internos se ponen en marcha encerrando palabras, encarcelando mi lenguaje, esclavo de mensajes que no cuajan a tal punto de echarme a perder mi estomago, y al baño de nuevo para eliminar oraciones desahuciadas en forma de fecas.

Las secreciones inician erosiones de mis órganos , impulsadas por las malditas turbinas que no paran de trabajar, siempre las turbinas, nublando mis ojos que no miran a nadie.


Voy a explotar de estar dentro de mi. No miro, no hablo, no como, embucho todo a mi paso. Me masturbo con movimientos precisos, dosificados, intensos a hurtadillas de la cuchara de palo, los jugos se desprenden y mamá, como una esclava limpia, y limpia, con su cigarro en la mano. Suena el despertador, 6 am, papá se levanta, hay hambre, siempre el hambre, y la urgencia biológica de trasmutar la sangre empapada, siempre la sangre, de mis emociones y palabras.

Neurotrasmisores se van desconectando uno tras uno al mismo tiempo y a veces dos y tres y cuatro hasta no parar, entonces grito, y muevo la cabeza rápidamente, como un animal rabioso tirando manotazos, sacudiéndome esa sensación de múltiples pensamientos fragmentados. Mamá que se había acostado hace poco, aparece con las marraquetas, siempre las marraquetas, pero esta vez con mantequilla y un té. Gracias mamá, gracias mamá, cómo te lo digo?



(Pamela Olate & Rodrigo Beas. Ejercicio para Taller de Novela Colectiva)



Mi más querida desgracia:


Ya no es desde la ira que te escribo. Han pasado meses desde la última vez que nos hablamos, desde que nos dijimos aquellas cosas que el tiempo no borra. Esta misiva es simplemente para pedirte algunas cosas, se podría decir, cotidianas. Quiero pedirte encarecidamente que saques tus cosas de mi departamento. En el dormitorio se te quedó un cajón lleno de gritos. Que desagrado es abrirlo y escuchar tu voz repitiendo las mismas cosas siempre. Que hasta cuando, que para qué, que por qué, que me voy, que ya no aguanto más, que quiero recuperar mi libertad… bah! En el clóset olvidaste tus largos abrigos negros, esos que usabas para cubrir y arrastrar las evidentes derrotas… ¿ahora caminas por la vida como un perdedor?
Debajo de la cama… uf! debajo de la cama está el millar de palabras que alguna vez tuvieron sentido para los dos… amor, complicidad, confianza, locura desmedida, letras, números, música, planes… esas cosas aun no me animo a barrerlas y tirarlas a la basura… si quieres puedes llevártelas, que yo, ya no las necesito, solo requiero el espacio vacio para llenarlo nuevamente con palabras que ahora comparto con otra persona.
En una bolsa, ojo, de género, no de plástico – esas dañan el medio ambiente- deje tus sábanas favoritas, unas suavecitas, las necesitarás, supongo que serán las únicas que acaricien tu piel en los momentos de soledad en que te encuentras. No olvides traer cloro y una esponja, para que limpies con especial dedicación los vómitos pasados, las falsedades que escupías sobre la especial conexión que prodigabas con respecto a tu relación con el universo…
También te pido que cuando vengas, no olvides traer, en una caja azul, mis canciones favoritas, principalmente aquella que habla sobre nosotros, en un parque sentados, yo rescatándote de tu angustiosa y profusa vida gris, y tú rescatándome de la tediosa monotonía de mis atribulados días. Por favor! No las olvides, que desde el día en que te fuiste no he podido oírlas nuevamente.
No quiero molestarte, pero cuando hacías tu maleta, vi que ponías debajo de tus copiosas lagrimas, un trozo de mi orgullo herido, las alegrías momentáneas y mis recuerdos (aquellos que necesito para poder olvidar) Te ruego que me los devuelvas.
Espero cariño, no haber olvidado nada.
Me despido, ya no con deseos incontenibles, ni con un querer inconfesable, simplemente con el amor que tiene un amo a su pequeña mascota ( ¿recuerdas lo que amo a mi perro? )
Bimba.



(Pamela Olate)




QUERIDA:

Una gran sorpresa causaste con tu misiva que más bien parecía un misil en pleno movimiento que te urgía introyectar en alguna parte de mi cuerpo.
Me alegra que practiques un poco de maldad en tus palabras, y que descargues tus rabias. Debo precisar algunas cosillas que me parecen un tanto injustas, sin embargo.
Qué agrado que cuando abras tus cajones escuches mis gritos de libertad, porque la verdad es que me agoté tanto en explicarte una y otra vez el concepto, siempre me quedé con la sensación que no lo entendías.
Y para que te quede más claro: Quiero recuperar mi libertad para liberar mi significante, mirar con agudeza lo que lo otros no ven, sublimar la diferencia, apropiándome del propio deseo. Y para hacer ese complicado ejercicio, no te necesito a mi lado, más bien, me acomoda usar mi abrigo y ocultarme de una multitud enajenada.
Mi querida, pongo en mi duda que usted esté con otra persona, porque, ayer vomité una angustia, tras un sinnúmero de sollozos que me sacudían con largas horas de lagrimas sin llanto. Fue ahí, cuando levanté la tapa del inodoro, suplicándole a diosito que me arrojara al hoyo negro para luego bajar la palanca que me llevó a un largo viaje en las cloacas, un lugar que sentí como propio. Sabes querida, cuando navegaba por los ductos te vi pasar en la dirección contraria, con una mirada invisible y un aborto fantasma en la mano. Antes, de saludarte, preferí seguir babeando angustia para desembocar en el mar.
Mi querida, no todo es malo en la vida, pero cada uno debe enfrentar sus diablos a solas y no insistir empecinadamente en hacerlos bailar una danza tétrica.
Yo tuve momentos felices contigo, que se relacionan con la energía del universo esa que hablas en tu misiva-misil, pero que pareces no comprender del todo. Recuerdas cariño cuando, amarrados a un árbol, nos hacíamos el amor, compartiendo, fundiéndonos con un entorno frondoso, mientras inventábamos a destajos juegos y reíamos. Nada importaba. ¿Recuerdas? Sólo tú y yo y nuestra construcción que nació bajo el alero de una continua reinvención de movimientos, percibiendo el mismo ruido el mismo goce, una sincronía hermosa. La voz del universo, un sonido cósmico nos recorría, colmando todos nuestros orificios hasta el infinito. Brotaban secreciones, se mezclaban conformando un cocimiento, era nuestro amor.
Así era, nuestro amor, y ya no lo es. Un beso tu perro



(Rodrigo Beas)


PARA NARCISO


Para que te quede clarito todo lo que me pasa contigo, y no mal interpretes mis palabras, ya que no me dejas decirtelo personalmente, quiero que sepas lo siguiente.


En estos ratos que me has dedicado últimamente, lo único que me hablas son palabras soeces tales como: "me voy a culiar a la Yasna", "el Antonio me llama y me lo culeo", "me dan ganas de culiarte con ese olor", " cómo tiene el poto tu amigo", etc



Este lenguaje que usas cuando estamos juntos hace mierda el sentimiento que tengo hacia ti, no es de otra cosa de la que me hablas, de tus cosas personales ni idea. Lo único que quiero es entregarte afecto , pero comprenderás que no me dan ganas de hacerlo tan abiertamente hacia alguien que lo unicó que hace es es conjungar el verbo culiar. yo culeo, tú culeas, él culea, nostros culiamos, ellos culean... Puedes seguir en lo tuyo con tus preocupaciones sobre la cama, mientras olvido el amor que siento por ti. No tengo más que agregar, borrame de la lista de tus conquistas. No quiero ser un número más ni un porcentaje que engrosa tus malabares camísticos. Al contrario, quise ser tu pareja , pero nada puedo hacer, no se le puede pedir amor a alguien que confunde afecto con culiar.



Son tus propios actos y palabras los que me llevan a esta lamentable conclusión. No digas nada porque tu respuesta me la sé de memoria y no me sirve, eso ya lo he comprobado en las innumerables ocasiones que he intentado llegar a ti.



Me hubiera encantado preguntarte tantas cosas, haberte aconsejado y deseado suerte, pero sé te olvidó darme la oportunidad. Sólo me llamaste para reclamar narcisismo al peo. Ello para mi, es un enorme síntoma: por tu corazon no pasa nada. Entonces ya no me queda nada más que decirte...


Santiago, Julio 1990

ODIO A MI PADRE/HEMBROS



Video: Marcelo Vega
Música: John Streeter
Voz y actuación: Cecilia Godoy
Textos: Eugenia Prado

TU, LA PEOR ENFERMEDAD




TU la peor enfermedad






El cuerpo daba señales. Ruborizadas manos transpiraban sollozos húmedos, un inminente suicidio amoroso aterraba la piel sometiéndola a horrible expresión. Bombea el corazón despachando sangre incesantemente sobre una abatida musculatura. Pero ella, la protagonista del remolino interno, abandona gélidos músculos, dejándome blanco de miedo.


- “Lo que pasa es que no estoy enamorado de ti”, como si se tratara de la muerte de una transacción sin importancia, sentenciaste.

Evaporarse como una rata que se espanta de un humano, trepando fugazmente por una desconsolada carretera conocida. El acelerador está en equilibrio con un cuerpo excitado por una vibrante ansiedad la que enciende mecanismos de una máquina que reclama alaridos que entonan un tango que sintoniza con un tics que sacude un párpado intermitente.

La tensión en la garganta amarra un silencio resonante habitado por palabras obstruidas. En plena carretera, el llanto se esfuma derecho al mar para vaciar lágrimas y tan solo seas una gota de esa profunda inmensidad.

La noche se acerca,la luna se presenta como un cuchillo gigante amenazando incrustar su pena sobre mi cabeza para bautizar un ahogo desesperante. Un letrero en la carretera promocionando un dulce pisco sour intenta bañar el borde superior de mi estomago que lucha contra la fisura instalada. Pero balas de dopaminas desparraman desde mi corazón relámpagos calcinando cerros saturados de ansiedad.

El motor rechina, humedecidas manos insisten empecinadamente sudar lágrimas que hacen resbalar un manubrio esquivo. Asomo las palmas una a una contra el viento, fuera del vidrio, traspirando penas a la brisa.

Letreros aseguran que el estado de las cosas no va a cambiar y no puedo cruzar el túnel porque dice cerrado por melancolía, con silabas tintineantes iluminando una garganta obstruida de silencios oprimidos. Devolverse en esa carretera -por la que tantas veces viajamos contentos al océano- tomando una cuesta alternativa. Ya en la cima del retorcido camino su grueso espesor instala la niebla ,y en medio de esa brumosa realidad, diagnostico la enfermedad que llevaba tu nombre: la PPR.

Decidí entregarme a los designios de la luna, para que enterrara su afilado espesor en el centro de mi cuerpo, tal como se destripa un vampiro.

Mas un sinnúmero de imágenes instalan intermitentemente una confusión mental que crece: imagino tu imagen pronunciando las escuetas palabras del suicidio, dolor ininterrumpido a cada instante en que te apareces sin ser invitado, intermitentes recuerdos resisto de ti, no quiero imaginarme, que te imagino, como cuando te imaginaba intermitentemente en mi imaginación: un tormento complejo, estructurado en una enmarañada circunstancia desgraciada. La luna como una sombra no me deja de mirar, interpelándome, me persigue, alucinandome, mientras me enfermo en un rincón inconexo, en una lejanía que me azota con las palabras del suicidio anunciado.

BELEN/Fragmento/Irene Geis








Se arrastró por el piso. Podía sentir la pelambre dura de la alfombra vieja y fétida de los vómitos, orines y cacas de perros y gatos. Sentía nausea y también quería vomitar. Un espasmo, dos espasmos, tres espasmos, abrir la boca y dejar escurrir esa cosa verde y viscosa que era lo único que tenia en el estomago después de tres días sin comer. Los sollozos la sacudían secos y aburridos tras todas esas horas de llanto sin lágrimas. Levantó la tapa del inodoro y apoyó la cabeza sobre el frío del enlozado y miró el fondo oscuro de las aguas y de papeles. Hubiera querido que la mano de dios la arrojara al hoyo negro y luego bajara la palanca que la llevaría a un largo viaje por las cloacas, a las que sentía como su lugar. Navegaría por ductos llenos de excrementos, un excremento más, babeando hasta desembocar en el mar

LAS FALDAS DE LEMEBEL





Variopinta fauna, casi una feria de vanidades, sentada en el cine arte alameda, un jueves de mayo, esperaba el documental, Corazón en Fuga, de Verónica Quense que registra la historia de Pedro Lemebel, rodeado de mujeres, amigas artistas, sensibles, ligadas a la poesía, algunas; otras, a la política y derechos humanos como la entrañable Gladys que pocos recuerdan, o a la respetable señora Ana Gonzáles a quien le mataron dos hijos, su nuera embarazada y esposo en plena dictadura. Todas, luchadoras aguerridas, que el lente de los medios de comunicación inspecciona rara vez, y a regañadientes.

Todas estas mujeres hablan por Pedro, ocupan su cotidianidad compartiendo risas y un cigarro, tristezas y desgracias ininterrumpidas, con una copa de vino que brilla de nostalgia en el lente de Verónica Quense.

No es fácil llevar ese cuerpo cincuentón, ajado por la lucha política y homosexual , un cuerpo que irrumpe implacable por más de 30 años, en espacios públicos- donde muchas veces no era invitado- con una bandera cargada oropeles irónicos que brotan sobre una plataforma aguja con un pañuelo que esconde marcas de batallas.

Las butacas del Alameda, aplaudían cada cierto tiempo justo cuando la lengua del protagonista -untada de saliva y humo- pronunciaba ese certero conchazo, pletórico de sarcasmo, como una molotov en protesta, mientras el bolero- que tanto le gusta al personaje de la historia- se escuchaba a lo lejos.

Parece una constante en su vida la lucha por los derechos humanos, participando en marchas, funas, recordando a los muertos, que el país niega evocar, con performances rellenas de sangre sobre la flaca tierra chilena -que se hace la loca con estos temas del dolor- esa que mueve el culo famélico a un sistema económico, que predica mendacidad, cuyo nombre no vale la pena emitir.

Pedro Lemebel, representa una parte de Chile, una mirada no dicha, una mirada inquisidora que no quiere ser escuchada por una mayoría que parece tener una venda en los ojos, ante tamaño vozarrón que transita en los circuitos de la marginalidad.

Sus textos plasmados en el documental- principalmente a través de obras de teatro-, con imágenes que menean los resortes de la sensibilidad, encarnan múltiples voces que tienen como denominador común, un dejo triste y cansado de remar contra la corriente.

Menuda tarea la de ser maricón, en esta faja cínica que niega las homosexualidades en todas sus formas. Levantarse en la mañana a sabiendas de que no hay un hueco para ti en la sociedad y que tienes que hacértelo no más empecinadamente, aunque no tengas ganas, debe ser agotador.

Tal vez por eso, Lemebel se aferra en las faldas de potentes mujeres que lo anidan felices, porque detrás de su trasgresora lengua hay un corderito que solicita amor a todas luces.

El documental, será presentado en diferentes festivales, por lo que aún no se exhibirá en salas de cine. Vea la sinopsis en http://www.pedrolemebelcorazonenfuga.cl/

Publicado en PATRIAGAY.CL

El Grito







ALEJANDRA PIZARNIK DIARIOS



9 de mayo:

Días en que me ofrezco en holocauto a una mirada invisible. Me sucede entonces andar por las calles y rejuntar amigos y viejos conocidos. Como las ratas detrás del famoso flautista, mi sonrisa extraña saca de su cuarto a cuanto poeta y pintor he conocido desde que llegué a Paris. Y me veo caminando ebria, dirigiendo a los que he convocado e invocado, y avanzando como si hiciera el amor. Sin duda bebo mucho en esos días, bailo, canto, beso, toco, me dejo, me la dejo, me dejo por todas partes, estoy receptiva, disponible, abierta como una herida, aceptando todo lo que venga (dedos, sal, semen, alcohol) hacia la gran devoradora que no examina, no discierne, no identifica.

MARIPOSA EMPECINADA





Como un tesoro guardaba unas letras para ti porque intuía tu vuelta. Un regalito escondido en mis cuadernos que hoy lo encontré:

"Niña-hermosa-mariposa
hoy la paso a buscar
para emprender un vuelo.

Lleve su caracol marino
- ¿qué canción escucha usted?-
Hablemos con las olas desde la altura
mientras, la brisa empapa este vuelo de amistad.

Miremonos sin decir nada
No es necesario.
Sólo pedacitos de serendipia unen nuestro encuentro furtivo esta noche distinta, revoloteando empecinadamente libres alas.

Observemos a los otros
a ellos
a todos ellos
a los buenos
a los que nos hacen daño
todos ahi revueltos
Aquí estamos a salvo niña- mariposa
En este vuelo ya rompimos las crisálidas
los velos
los miedos
¡Nadie nos va alcanzar!"

LA PASAJERA


El guión del filme "La pasajera" fue escrito por el artista visual y escritor Francisco Casas (ex "Yeguas del Apocalipsis" junto a Pedro Lemebel) y lo comenzaría a dirigir junto a Yura Labarca en México, pero a poco andar le quitaron el financiamiento, por mostrar escenas que involucraban a la poetisa en relaciones lésbicas junto a su secretaria personal Doris Dana.